La semana pasada viajé al norte del país y al sur de California, y pues decidí comprarme una revista médica para que el vuelo de tres horas, valiera la pena. Entonces me encontré con un artículo que me alegró de sobremanera; imagíname dando minisaltitos amarrada al asiento y sacudiendo los brazos, conteniendo el llanto de felicidad.
Resulta que se están desarrollando estudios para un tratamiento con *células beta, subministrándolas en personas con diabetes tipo 1 (como yo). Lo que se intenta es sustituir las que el sistema inmune ataca para que así el páncreas pueda producir nuevamente insulina.
Aunque es un estudio que apenas se comenzará a probar, es imposible para mi no emocionarme, porque definitivamente la ciencia está avanzando con pasos de gigante y sé que pronto podremos decir que la diabetes tiene cura.
Sonrío.
*Esta acotación tiene relevancia, porque cuando estaba terminando de de alegrarme, saqué mi snak y programé al tamagotchi (mi microinfusora de insulina), lo que despertó la curiosidad de la señora de al lado, y sin mucha meditación me preguntó: - “¿qué es eso?”… y pues después de resolver todas sus dudas, dijo: “es sorprendente cómo avanza la ciencia”… y pues yo, recién conmocionada por la nota de la revista, me sentí con la necesidad de contarle lo que acababa de leer. Cuando terminé de hablar me preguntó: -“¿las células beta son como las células madre?”…
Fue un momento que resumiría como “y que le digo y que me dice… y que me quedo callada”.



