La gran duda.

Por: Nelly Flor

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Con la llegada de los frentes fríos y los adornos navideños, también aparece la gran duda:

¿Me vacuno o no me vacuno?

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Es casi tan existencial como “ser o no ser”, porque la influenza también nos obliga a analizar nuestra condición humana, la libertad y la responsabilidad individual, las emociones, así como el significado de la vida. Nos pone frente a frente al temor de la posibilidad de enfermarnos con un virus súper canijo, que cuando se tiene una condición crónica podría ser complicado atacarlo porque la diabetes, por ejemplo, puede hacer que el sistema inmunitario esté menos preparado para luchar contra las infecciones, además de que el cuadro podría elevar la glucosa en la sangre, o también, podría suceder que el apetito se nos fuera, y eso podría causar bajones de glucosa.

Hay quienes dicen que la vacuna es la mejor protección contra la influenza…

… pero para salir de dudas, siempre lo mejor es consultar a tu héroe médico endocrinólogo especialista en el tema.

En tanto, te aconsejo que:

Te cubras la nariz y la boca con un pañuelo al toser o estornudar y enseguida lo mandes directito a la basura.

Lávate las manos con agua y jabón frecuentemente, en especial luego de toser, estornudar o sonarte la nariz.

Evita tocarte los ojos, la nariz o la boca (así es como los gérmenes se esparcen por doquier).

Toma más agua de lo que acostumbras.

Permanece en tu hogar si estás enfermo, excepto, claro, para ir al doc.

Las medidas preventivas diarias pueden protegerte de enfermarte y, si te enfermas, protege a los demás para que no se contagien.

 

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